«Envía tu Espíritu y todo será creado, y renovarás la faz de la tierra»
La Renovación Interior: El Soldado que debe ser Transformado
Es imposible encender un fuego si la madera está mojada. Con frecuencia, los legionarios miramos a nuestro alrededor y nos lamentamos por la frialdad del mundo, la indiferencia en nuestras parroquias o la dureza de los corazones en los sectores que visitamos. Clamamos al Cielo pidiendo que Dios «renueve la faz de la tierra», pero la espiritualidad legionaria nos exige una mirada más profunda y exigente: la renovación del mundo exterior comienza obligatoriamente por la conversión de nuestro propio corazón (Manual cap. 4, punto 2).
El legionario no puede salir a llevar la luz de Cristo si primero el Espíritu Santo no disipa las tinieblas de su propia mente, de sus perezas y de sus actitudes cotidianas. No podemos renovar nuestro entorno arrastrando el cansancio de la rutina, el chisme o la falta de caridad en las juntas de Praesidium. Invocar al Paráclito en esta segunda dimensión es pedirle que actúe como un alfarero que rompe nuestra vasija vieja y crea en nosotros un corazón de soldado: dócil, valiente y configurado con los sentimientos de María.
La Disciplina del Campo de Batalla: Docilidad a la Gracia
Para que esta petición se convierta en una fuerza viva en tu servicio y en tu vida diaria, graba estas consignas en tu marcha militar-espiritual:
Vencer las habilidades humanas: No salgas al apostolado confiado en tus títulos, en tus años de experiencia en la Legión o en tu facilidad de palabra. La labor apostólica exige una total dependencia y docilidad a la gracia divina.
Ablandar la tierra dura: Cuando te enfrentes a un caso complejo en el hospital, a una visita domiciliaria difícil o al rechazo en el contacto callejero, recuerda que tú solo eres el instrumento. Pide la fuerza del Espíritu Santo para que sea Él quien ablande las voluntades más rígidas.
Renovar las actitudes en la Junta: Deja que el Espíritu Santo moldee tu carácter durante el desarrollo de la junta semanal. Acepta los lineamientos, escucha los informes con caridad y asume tu asignación de trabajo como una oportunidad santa de renovación personal.


