sábado, 21 de septiembre de 2019

Ordenanzas fijas

"El deber legionario exige de cada socio: 

Asistencia puntual y regular a la JUNTA semanal del Praesidium, donde se presentará en voz clara un informe suficiente sobre el trabajo realizado.
El rezo diario de la CATENA.
La ejecución de un TRABAJO legionario activo y sólido, hecho con espíritu de fe y en unión con María, en forma tal, que en las personas por quienes trabaja y en sus hermanos legionarios sea María quien ve y sirve en ellos a su Hijo Jesucristo.
La GUARDA de un secreto absoluto con relación a todos los asuntos discutidos en la junta o conocidos en el ejercicio del trabajo legionario".

Caitulo 18 Punto 7
(Manual Oficial de la Legión de María)



jueves, 25 de julio de 2019

San Pedro

Patronos de la Legión


"Como Príncipe de los Apóstoles, San Pedro es el patrón por excelencia de una organización apostólica. Fue el primer Papa, pero representa toda la serie ilustre de Pontífices y al Padre Santo actual. Cuando invocamos, pues, a San Pedro, volvemos a expresar la lealtad que profesa la Legión a Roma, centro de nuestra fe, fuente de autoridad, disciplina y unidad" (Decisión de la Legión al poner el nombre de San Pedro en la lista de invocaciones).

La fiesta de San Pedro y San Pablo se celebra el 29 de junio.
(Manual de la Legión de María Cap. XXIV, Punto 8)

San Pedro
San Pedro Apóstol es mencionado frecuentemente en el Nuevo Testamento, en los Evangelios, en los Hechos de los Apóstoles, y en las Epístolas de San Pablo.

Lo único que sabemos de su vida antes de su conversión es que nació en Betsaida, junto al lago de Tiberíades y se trasladó a Cafarnaum, donde junto con Juan y Santiago, los hijos del Zebedeo, se dedicaba a la pesca. Existe evidencia para suponer que Andrés (el hermano de Pedro) y posiblemente Pedro fueron seguidores de Juan el Bautista, y por lo tanto se habrían preparado para recibir al Mesías en sus corazones.

Imaginamos a Pedro como un hombre astuto y sencillo, de gran poder para el bien, pero a veces afligido un carácter abrupto y tempestivo que habría de ser transformado por Cristo a través del sufrimiento.

Nuestro primer encuentro con Pedro es a principios del ministerio de Jesús. Mientras Jesús caminaba por la orilla del lago de Galilea, vio a dos hermanos, Simón Pedro y Andrés, echar la red al agua. Y los llamó diciendo: "Síganme, y yo los haré pescadores de hombres." (Mateo 4,19). Inmediatamente abandonaron sus redes y lo siguieron. Un poco después, aprendemos que visitaron la casa en la que estaba la suegra de Pedro, sufriendo de una fiebre la cual fue curada por Jesús. Esta fue la primera curación atestiguada por Pedro, quien presenciará muchos milagros más durante los tres años de ministerio de Jesús, siempre escuchando, observando, preguntando, aprendiendo.

lunes, 16 de febrero de 2015

San José


Patronos de la Legión
San José Obrero

En las oraciones de la Legión el nombre de San José sigue a las invocaciones de los Corazones de Jesús y de María, pues en la corte celestial él ocupa el lugar más alto después de Ellos.


Fue cabeza de la Sagrada Familia, y desempeñó para con Jesús y María un cometido especialísimo, y de primera categoría. El más grande de los santos, ejerce ahora el mismo oficio, ni más ni menos, con relación al Cuerpo místico de Jesús y con relación a la Madre de este Cuerpo místico. Ampara la vida y el desarrollo de la Iglesia, y, por consiguiente, de la Legión. Su solicitud no falla, es vital, animada como está por su preocupación paternal; en influencia sólo le aventaja la maternidad espiritual de María, y así lo ha de reconocer la Legión. Para que su amor despliegue toda su fuerza en nosotros, tenemos que abrimos del todo a él, y amarle con un amor semejante al que él nos tiene. Jesús y María le fueron siempre atentos y agradecidos por cuanto hizo por Ellos; de igual modo han de serle atentos constantemente los legionarios.

El 19 de marzo se celebra la fiesta de San José, esposo de la Santísima Virgen y protector de la Iglesia universal. El 1 de mayo, la fiesta de San José obrero.


“No podernos separar la vida histórica de Jesús de su vida mística, perpetuada en la Iglesia. No sin razón han proclamado los papas a San José protector de la Iglesia. Entre las vicisitudes de los tiempos y de las costumbres, su oficio ha continuado siempre siendo el mismo. Como protector de la Iglesia de Cristo, no hace otra cosa que continuar desempeñando la misión que tuvo en la tierra. Desde los días de Nazaret la familia de Dios ha crecido y se ha esparcido hasta los confines del orbe. El corazón de José se ha ensanchado en proporción a su nueva paternidad, la cual prolonga y supera la paternidad prometida por Dios a Abrahán, padre de una innumerable descendencia. En su trato con nosotros, Dios no cambia; no hay arrepentimientos, no varia su plan arbitrariamente. Todo es uno, ordenado, consistente y continuo. José, padre nutricio de Jesús, es también padre nutricio de los hermanos de Jesús, esposo de María, que dio a luz a Jesús, permanece unido a Ella de un modo misterioso, mientras continúa en el mundo el nacimiento místico de la Iglesia. Por eso, el legionario de María, que trabaja por extender en la tierra el reino de Dios -la Iglesia-, reclama con razón la protección especial de aquel que fue jefe de la Iglesia recién nacida, que eso fue la Sagrada Familia” (Cardenal L. J. Suenens).



Fuente: http://legiondemariabogota.org.co/patronos/san-jose/

Frank Duff

Fundador de la Legión de María




Frank Duff
El fundador de la Legión de María es Frank Duff, un laico irlandés, alegre, bromista, sumamente inteligente, lleno de energía, entusiasmo, generosidad, caridad, y un profundo amor a Dios y la Santísima Virgen María.

Nació en Dublín, Irlanda el 7 de junio de 1889, en una fiesta de Pentecostés. Fue el mayor de siete hijos de una familia católica muy piadosa y muy unida. Frank hizo sus estudios en escuelas de renombre. Siempre obtuvo las mejores calificaciones; le gustaba mucho el deporte y le encantaba andar en bicicleta. “Era realmente un joven prometedor”.


En esa época, Irlanda atravesaba por una gran crisis política, económica y religiosa, los católicos eran despreciados y relegados al máximo.

Sin embargo, Frank avanzaba con firmeza en la vida profesional y espiritual: En la primera, su gran talento lo llevó a ocupar un puesto en el Ministerio de Finanzas. Había quienes pronosticaban que llegaría a ser Primer Ministro. En la vida espiritual, mucho antes de encontrar su propia vocación de laico comprometido, escribió un folletito titulado: “¿Santo, yo, por qué no?”, en el que daba algunas directivas y consejos a los laicos para alcanzar la santidad, algunas de las cuales se encuentran en el Manual de la Legión de María.

Más tarde, asistió al “Purgatorio de San Patricio” que era un lugar de ejercicios espirituales de tres días y de una penitencia, tal vez única en el mundo. A partir de entonces, Frank iba cada año hasta que la enfermedad se lo impidió.

Desde muy joven había adquirido el hábito de rezar diariamente la Liturgia de los sacerdotes en latín.

Posteriormente, ingresó a la Asociación de San Vicente de Paúl, cuyas reuniones empezaban con una oración, una lectura espiritual y la lectura del acta de la reunión anterior; esto sirvió más tarde de modelo para la Legión de María.

La Asociación de San Vicente de Paúl, se ocupaba de los más pobres. Frank, que nunca tuvo problemas económicos, estaba azorado con tanta miseria que había en su país.

Frank también ofreció desayunos para evitar la apostasía, pero no pudo hacerlo por mucho tiempo. Entonces decidió rezar el rosario frente al local protestante y hacer labor de convencimiento. Este apostolado provocó que le llamaran “el loco del barrio”. Pero su locura tenía método y finalmente logró, después de 16 años, que se cerraran todos esos locales protestantes.

Frank pertenecía también a un grupo llamado “los pioneros” quienes en desagravio al Sagrado Corazón de Jesús, por el vicio del alcoholismo, ofrecían no tomar ni una gota de alcohol durante su vida.

Por otra parte, no fue fácil para Frank encontrar el tesoro mariano que contiene “La verdadera devoción a María” de San Luis María Grignion de Montfort, pero una vez que lo hizo, como tenía un alma de apóstol, inmediatamente quiso compartirlo con las personas que lo rodeaban.

En una de las reuniones de los pioneros, se comentó sobre la necesidad de visitar la sala de mujeres del Hospital Unión. se preguntó quién quería participar y seis voluntarias surgieron inmediatamente. Se sugirió reunirse al miércoles siguiente y se pidió invitar a otras personas.

El día de la reunión había 15 personas que estaban sorprendidas de ver un altarcito sobre la mesa, compuesto por una imagen de la Virgen Inmaculada Medianera de todas las gracias, sobre un mantel blanco, entre dos floreros y dos candeleros con velas encendidas.

No había duda, la Virgen los esperaba, ninguno de ellos siquiera se imaginaba que ese era el inicio de un gran Movimiento de fuerza mundial. Tan es así, que hasta unos años más tarde, descubrieron que este Movimiento se había formado, providencialmente, el día 7 de septiembre de 1921, en las Vísperas de la Natividad de Nuestra Señora.

El primer grupo se llamó “Nuestra Señora de la Misericordia”, y así sucesivamente cada grupo tenía su nombre. Entonces surgió la necesidad de buscar un nombre para el Movimiento. Se sugirió hacer una novena para encontrar el nombre adecuado. En la siguiente reunión, se presentaron varias propuestas pero fueron rechazadas. Se pidió otra novena. Frank Duff, el fundador, buscaba un nombre que representara al Movimiento y pudiera aplicarse a cada miembro en particular. En la víspera de la siguiente reunión, Frank se detuvo un momento, antes de irse a la cama, frente a un cuadro grande de la Santísima Virgen que tenía en su despacho, y espontáneamente brotaron en su mente las palabras: LEGION DE MARIA.

No había duda, ese era el nombre: Legión era símbolo de valor, disciplina, obediencia, y podía aplicarse a cada legionario de María que ahora conquistaría el mundo para Cristo. Este nombre fue aceptado por unanimidad en noviembre de 1925. A imitación de la Legión Romana, Frank decidió conservar los términos en latín para uniformar el lenguaje de la Legión de María en todo el mundo. Asimismo, adoptó el Vexillum o estandarte de la Legión, remplazando el águila por la paloma que representa al Espíritu Santo y el Comandante en Jefe romano, por la Inmaculada Medianera de todas las gracias. Más tarde, Frank escribió la Promesa Legionaria y fijó las oraciones legionarias que obtuvieron el Imprimatur y fueron colocadas en la Téssera. En 1928 fue escrito el Manual de la Legión de María, que es una especie de fotografía del Movimiento en la que se ve lo que se había llevado a la práctica desde hacía ya mucho tiempo.

Aproximadamente tres meses después de la creación del nuevo Movimiento, cuando le preguntaron a Frank sobre el futuro del mismo, el contestó que iba a extenderse por el mundo entero.

Desde antes de fundar este movimiento, Frank tenía un gran deseo de ayudar a las chicas de la calle. El primer gran apostolado de la Legión de María, fue precisamente la conversión de treinta y una prostitutas al mismo tiempo.

A pesar del aumento de trabajo para Frank, tanto profesional como espiritual, aceptó organizar unos “ejercicios espirituales sin precedentes”, porque al primero de estos, acudieron todas las chicas y, a excepción de dos de ellas que eran protestantes, todas las demás hicieron una confesión general y comulgaron en la Misa de clausura. Frank comentó después que esa fue la Misa más bella de su vida.

Después del retiro, las chicas fueron llevadas a un albergue al cual pusieron el nombre de “Santa María”, y en donde las cosas iban muy bien. Pero un día, dos de ellas huyeron al barrio más depravado de Dublín, creyendo que ahí las dejarían en paz porque era un barrio al que ni el ejército se atrevía a entrar. Sin embargo, el valor legionario alimentado con la oración, superó todo obstáculo y no solamente lograron entrar sino que acabaron con toda la podredumbre que había en ese lugar. Al grado de demoler ese barrio y construir uno nuevo.

Fue solamente un grupito de legionarios los que lograron borrar esta mancha de vergüenza de su ciudad, únicamente con bondad y caridad, mientras que durante ciento cincuenta años la policía no había podido lograr nada.

Esto fue un verdadero milagro, pero la gran fe de Frank lo había acostumbrado a esperar milagros cuando se trabajaba para conseguirlos, porque estaba convencido de que así como los milagros formaban una parte importante de la vida terrestre de Cristo, también formaban una parte importante de la vida diaria de la Iglesia, porque la Iglesia es Cristo vivo.

El 25 de marzo de 1927, después de muchas penas, sufrimientos, dificultades y decepciones, Frank abrió el segundo albergue para hombres abandonados: desempleados, vagabundos, alcohólico, expresidiarios, que no tenían ninguna oportunidad de volver a tener una vida normal sin una ayuda eficaz. Este albergue recibió el nombre de “Estrella de la Mañana” y, como expresó el mismo Frank: “fue pagado con sudor y sangre”. Tres años más tarde fue abierto un tercer albergue para mujeres solas: madres solteras sobre todo. Este se llamó “Regina Coeli”. Varios grupos de la Legión tenían la tarea de ocuparse de los tres albergues, ayudaban a preparar y a servir la comida, y hacían apostolado con las personas albergadas.

La dirección de un sólo albergue requería un hombre de tiempo completo, sin embargo, Frank dirigía los tres además de sus deberes profesionales y demás apostolados de la Legión de María que era “la niña de sus ojos”, según sus propias palabras.

Esta nueva organización visiblemente bendecida por Dios, encontró una fuerte oposición y rechazo, sobre todo por parte del clero, simplemente porque Frank estaba adelantado a su tiempo y, contrariamente a lo que pensaban algunos clérigos de que los seglares solamente servían para hacer el aseo de las vestiduras eclesiásticas y de la parroquia, Frank afirmaba que cada seglar tiene su propia vocación y misión apostólica dentro de la Iglesia.

Esta visión de Frank, hirió el orgullo y la envidia de dichos clérigos quienes empezaron a difamar a la Legión de María y a cambiar su estructura, querían destruir esta Asociación. En Africa incluso, llegaron a crear una secta a la que le pusieron el nombre de Legión de María que provocó una gran confusión.

Frank estaba convencido de que estos ataques eran diabólicos, porque se repetían en distintas partes donde había Legión de María.

Frank se mantuvo firme como una roca y siempre mostró una gran caridad, nunca se quejó porque sabía que en el Reino de Dios, todo éxito se consigue con el signo de la Cruz.

“No hay mal que por bien no venga”, ya que esta situación tan difícil lo hizo buscar la manera de hablar personalmente con el Papa. El secretario del Nuncio Apostólico, tuvo la brillante idea de hacerlo portador de unos papeles oficiales y una carta para Su Santidad, de esta forma, Frank pudo entrevistarse con él.

Sentado frente al Papa, trataba de explicarle lo que era la Legión de María y sus necesidades. Frank hablaba y hablaba y empezó a preocuparse, porque el Papa no hablaba ni pestañeaba. Frank pensó que tal vez ni lo escuchaba. Frank dijo todo lo que tenía que decir y se calló, agotado de tanto hablar. Solamente lanzaba una mirada de súplica al Santo Padre quien permaneció en silencio un largo rato. Finalmente, se levantó, se dirigió a Frank y lo abrazó diciendo con un tono emocionado: “¡Esta cosa viene de Dios!”. El Papa se daba cuenta de que este Movimiento respondía a su idea sobre el papel del laico en la Iglesia.

Más tarde, Frank recibió una carta del Santo Padre en la que daba su bendición especial a la Legión de María y la reconocía como una obra magnífica y santa.

La extensión de la Legión de María en el mundo fue tan rápida, que surgieron los “enviados de la Legión de María” quienes se encargaban de extender y cultivar la Legión en los cinco continentes. El número de enviados era cada vez mayor, Frank mantenía una estrecha unión con cada uno de ellos por correspondencia. Esto lo hizo abandonar su trabajo profesional. La Legión absorbía todo su tiempo, que Nuestro Señor le hizo rendir al máximo.

Un día, alguien preguntó a Frank que pensaba de la Legión como modeladora de santos. Frank encontró esta expresión muy adecuada porque dijo que la Legión de María muestra a sus miembros las grandes verdades de la fe católica y les enseña a comprenderlas, especialmente la doctrina del Cuerpo Místico de Cristo, el lugar de la Santísima Virgen en el Plan Divino de la Salvación y su unión íntima con el Espíritu Santo, esta doctrina, dijo, es santa y santificadora, y produce santos a granel.

Un ejemplo vivo de esto, entre muchos más que no son tan renombrados, está en el mismo Frank, en Edel Mary Quinn y en Alfonso Lambe.

La santidad, decía Frank, está en una vida normal. El mismo, se santificó en sus deberes cotidianos que impregnaba de su gran alegría y buen humor. Otra cosa que lo caracterizaba, era su humildad y discreción. Nunca se atribuyó a sí mismo la extensión y éxito de la Legión de María, ni siquiera su fundación, a pesar de que la Legión era su vida.

Durante la Segunda Guerra Mundial, la Legión de María no sufrió ningún quebranto. Se cuenta como dos legionarias hicieron su Promesa durante un bombardeo; casi en cada versículo, todo se grupo de arrojaba bajo la mesa buscando una débil protección contra las bombas que caían cerca de ahí. A veces las juntas se hicieron en los refugios antiaéreos, donde el apostolado de los legionarios era rezar el rosario con los presentes sin importar su religión.

En Francia, a una joven legionaria, Véronique O’Brien, se le pidió que regresara a Irlanda a causa de la guerra. Ella contestó desde París: “Yo regresaré cuando haya fundado la Legión de María aquí”. Fueron las últimas noticias que tuvieron de ella. Después de la invasión alemana, Véronique decidió unirse a los refugiados que huían frente a las tropas en marcha. Constantemente, al paso tan bajo de los aviones alemanes, había que arrojarse al suelo. Hambrienta y pálida, con los pies sangrando, sin nada más que lo que llevaba puesto, llegó finalmente a Nevers, al convento de San Gildard, el convento de Santa Bernardita, donde fue acogida y ayudó a atender a los peregrinos. La primera carta de ella que llegó a Dublín, anunciaba la fundación de siete Praesidia.

A pesar de los horrores de la guerra, la Legión de María permaneció intacta y nunca omitió sus reuniones ni su apostolado.

Existen otros relatos sobre la fundación de la Legión de María en situaciones igualmente adversas.

Frank Duff en sus pláticas a los legionarios, inspirado por el Espíritu Santo, los animaba en tal forma que estos salían llenos de ánimo y valor y dispuestos incluso al martirio. En China, por ejemplo, la Legión de María prendió en una forma sorprendente y se extendió rápidamente por todo el país. A la llegada del comunismo, la Legión permaneció firme, y lejos de intimidarla, aumentó la fe y el valor en los legionarios. Veinte mil legionarios fueron encarcelados y aproximadamente dos mil asesinados. La Legión de María fue declarada como “el enemigo público número uno”.

Frank mismo sufrió mucho a pesar de su entereza. A parte de los golpes espirituales que recibió de parte de los enemigos de la Legión de María, la pérdida, primero de su hermana en junio de 1949, luego de su hermano en agosto del mismo año, y la peor pérdida, la de su madre a principios de 1950, más la pérdida de su amigo de siempre, el Abad Creedon en julio de 1950. Frank estaba verdaderamente destrozado. El mismo escribió: “El golpe fue terrible, el peor de mi vida, no sé donde estoy. Seguramente va a pasar algún tiempo antes de que vuelva a encontrar mi equilibrio interior”.

Una vez muerta su familia, las legionarias del albergue “Regina Coeli” se encargaron de él.

En 1952, Frank recibió una invitación del Vaticano para visitar la ciudad santa. Frank aceptó gustosísimo, sobre todo porque todavía había hostilidades contra la Legión de María. Permaneció 17 días en Roma, aprovechando para dar conferencias, pero el punto culminante fue la audiencia privada con el Papa Pío XII quien dijo a Frank: “Estoy muy agradecido con la Legión de María por los grandes servicios que ha prestado a la Iglesia”. Frank se percató de que estas palabras fueron pronunciadas muy calurosamente.

Por otra parte, Frank Duff no era un místico en el sentido de éxtasis y visiones extraordinarias, era simplemente un católico ejemplar, sin embargo, su vida estuvo frecuentemente acompañada de hechos milagrosos: En una ocasión, pasaba de la media noche y Frank seguía trabajando en su correspondencia, cuando alguien llamó a la puerta, era un jovencito de unos doce años, sucio, harapiento e incluso parecía piojoso y pidió permiso para pasar la noche en el albergue “Estrella de la Mañana”. Frank le dijo que ya era muy tarde y que el albergue era para hombres y no para niños, entonces lo pasó a su casa y le ofreció algo de comer, el muchacho comió con verdadero apetito. Frank dormía en una cama matrimonial y era muy delicado en cuestión de limpieza e higiene, pero no quiso que el muchacho durmiera en el suelo ni que se fuera y decidió compartir la cama con él. A la mañana siguiente, el muchacho había desaparecido sin dejar traza de su presencia, para Frank esto era un misterio. Cuando Frank regresó de Misa, encontró a la joven del albergue “Regina Coeli” que tenía la llave de su casa y le preparaba todos los días el desayuno para que lo tomara al regreso de la iglesia.

Esta joven, muy sorprendida, preguntó a Frank quien era ese muchacho encantador que ella había encontrado esa mañana temprano al entrar a su casa. Frank le preguntó que apariencia tenía y ella contestó que era como de doce años y de una belleza extraordinaria, en ningún momento mencionó lo sucio y los harapos, solamente estaba sorprendida por su gran belleza. Sin duda alguna, se trataba del mismo muchacho.

Frank comentó más tarde que en aquella ocasión, albergó al Señor.

Cuando Juan XXIII subió al Papado, también recibió a los legionarios en audiencia privada. Desde Pío XI hasta Juan Pablo II, Frank mantuvo estrecha relación con todos los Papas, prueba de ello son las cartas pontificias que se encuentran en las primeras páginas del Manual de la Legión de María. “Honor a quien honor merece”.A parte de la gran lucha que libró Frank, durante toda su vida, contra las oposiciones, recibió también distinguidos reconocimientos: Los padres del Espíritu Santo y los Montfortianos lo nombraron miembro honorario de su Congregación, lo que lo hizo partícipe de todos los méritos de estas Congregaciones.

La Universidad de Dayton, en Ohio, le dio en 1956 un premio mariano por su eminente trabajo en mariología.

El Papa Juan XXIII lo nombró Gran Caballero de la Orden de San Gregorio y la Universidad de Dublín le confirió la dignidad de Doctor Honoris Causa en Derecho, pero nunca se le vino a la mente poner el título de Doctor junto a su nombre aunque tuviera todo el derecho.

Pero un mayor honor le fue reservado: la invitación , como oyente, al Concilio Vaticano II. Cuando estaban en la sesión, el Cardenal Heenan que había sido Director Espiritual del Senatus de la Legión de María en Londres, antes de empezaran los trabajos de dicha sesión, se levantó y dijo que el fundador de la Legión de María estaba presente en la sala. Entonces espontáneamente, una ola de aplausos se produjo; los dos mil quinientos Padres que estaban en el Concilio, expresaron así lo que pensaban del movimiento que, principalmente, en tierras de misión se había convertido en el apoyo más sólido para la propagación de la fe.

A Frank no le impresionaban mucho las distinciones honoríficas y los premios, los aceptaba como algo inevitable y los olvidaba enseguida, sin dejar de reconocer humildemente su esfuerzo.

Desafortunadamente, como dijo Frank, el humo de Satanás penetró en el Concilio creando una gran confusión y un gran desorden en la Iglesia de Cristo. Fieles, religiosas y sacerdotes estaban trastornados. Esto, lógicamente, afectó también a la Legión de María. Y a pesar de que el Manual recibió más de cien veces el Imprimatur y de que fue examinado dos veces, punto por punto, por un equipo de teólogos nombrados expresamente para esto en Roma y declarado pura doctrina católica, algunos que se creían expertos quisieron modificarlo y adaptarlo a las nuevas circunstancias anárquicas. Frank se mantuvo firme como una roca y por esta conducta suya, fue tachado de viejo testarudo. La cosa llegó a tal grado que aun en los confesionarios, los sacerdotes invitaban a los legionarios a abandonar la Legión y afiliarse a otra asociación que ellos habían creado. Otros decían que en Dublín solamente se esperaba la muerte de Frank quien ya tenía una edad muy avanzada, para reformar la Legión de María y en especial el Manual.

Lo que debió sufrir Frank en este período, solamente pueden saberlo los que se mantuvieron fieles y compartían con él el mismo dolor.

Sin embargo, esta crisis no fue más que abono que hizo florecer en abundancia a la Legión. Una prueba de esto fue el festejo de las Bodas de Oro de la Legión de María en el mundo entero.

En 1979, el Papa Juan Pablo II al conocer la Legión de María quedó impresionado de su espiritualidad y decidió invitar a su fundador a Roma para conocerlo. Frank asistió con los oficiales del Concilium y , una vez frente al Papa, le dijo que todo pensamiento, toda palabra, toda acción del legionario deben estar impregnadas de esta convicción: “La victoria vendrá por María”.

Después de la Misa en su capilla privada, el Papa los invitó a desayunar en su cocina privada y, como buen anfitrión, los atendió con toda sencillez.

Luego visitaron los salones del Vaticano con un guía y llegaron a la sala desde donde el Papa envía sus mensajes al mundo. El guía invitó a Frank a sentarse en el sillón papal y a dirigir un mensaje a sus legionarios en todo el mundo. Frank se sentó sin vacilar y no pronunció más que una palabra: “¡Conviertan!”. Fue el testamento importante que quiso dejar a sus hijos e hijas espirituales en el mundo entero.

En octubre de 1980, más de cuatrocientos legionarios se encontraban reunidos en Irlanda esperando una palabra de aliento de su fundador. Frank insistió en que el deseo ardiente de la Virgen María de hacer entrar a su Hijo en cada hombre, debe animarnos y volverse el eje de nuestra acción.

El 7 de noviembre de 1980, Frank se sentía muy agotado y se recostó, la legionaria que lo atendía, le llevó el té a la cama y lo encontró con las manos en posición de oración y los ojos fijos en una imagen de la Virgen que tenía frente a él. La Virgen se lo había llevado al cielo.

Para los legionarios, más que un duelo era un triunfo. En su primera Misa de Réquiem, Monseñor Ripley concelebró con aproximadamente veinte sacerdotes y en su homilía dijo que Frank Duff es responsable de una nueva corriente en la Iglesia que da una nueva luz sobre el papel de la Virgen María. Y que todos los que lo conocieron lo tenían por un santo. Muchos, continuó diciendo, le atribuyen desde ahora cosas milagrosas, pero el milagro más grande es la Legión de María.

En otra Misa, el Cardenal O’Fiaich concelebró con tres Arzobispos y treinta y cinco sacerdotes, todos directores espirituales de la Legión de María. Unas cuatro mil personas, entre ellas legionarios de distintas partes del mundo, asistieron a la Misa, muchos no pudieron entrar a la iglesia, varios sacerdotes se quedaron también fuera. Fue sorprendente ver que en ningún caso las vestiduras litúrgicas fueron negras o violetas, sino blancas con largas cintas rojas en medio.

Entre los asistentes estaban el Presidente de la República de Irlanda, el Primer Ministro, el alcalde de Dublín, numerosos hombres políticos y casi todo el cuerpo diplomático. Caso admirable porque la Legión de María nunca tuvo que ver con política, esto está prohibido y es parte de su personalidad.

En su homilía, el Cardenal dijo que en este gran hombre vivía un inmenso espíritu de piedad y de oración, y con la ayuda de la Virgen, el aporte de este sencillo ciudadano de Dublín en la historia de la Iglesia católica, es tal vez el más importante del siglo.




Fuente:

http://www.legiondemariabasauri.org/historia-de-la-legion-de-maria/fundadores-en-proceso-de-canonizacion/

miércoles, 25 de septiembre de 2013

Gradación ascendente del trabajo de la Legión (Parte 2)


Por FRANK DUFF



Como medio de elevar el espíritu misionero, además de los magníficos resultados que se siguen directamente, nada podría ser más eficaz que la Peregrinatio y su réplica en pequeño, la Exploratio Dominicalis (que puede ser traducido como la Búsqueda Dominical de almas). Como algo reciente, esta última requiere una palabra explicativa. Es una mini-Peregrinatio que intenta que cada praesidium vaya al menos una vez al año como grupo a un lugar de necesidades espirituales a cierta distancia y pase un domingo, o quizá un fin de semana, tratando de resolver los problemas. El viaje no debe llevar una cantidad excesiva del tiempo disponible. Aún con la mejor buena voluntad sólo una parte de los legionarios podrá emprender la Peregrinatio. La Exploratio estaría al alcance de todos.

Paso a hacer algunas sugerencias sobre tareas a realizar.

1. En primer lugar y sobre todo hay que colocar la conversión. Se ha dicho ya bastante sobre su situación clave.

2. En segundo lugar la Conservación de la fe. Despertar la fe es algo que siempre hemos hecho. Ahora la masa parece no creer. Muchos de los que hemos tratado mantenían la filosofía de que una religión es tan buena como otra. El contacto con la gente en la calle se ha visto que es fácil y muy provechoso. Se debe ampliar. Este apostolado parece exigir algún local allí mismo, al cual se puede llevar a las personas para un trato más intenso, o incluso para confesar. Una casita o una caravana serviría para esta finalidad. Ciertamente por su misma ausencia de protocolo supondría algo nuevo que atraería a personas difíciles que no fueran a la iglesia. A los buenos legionarios habría que lanzarlos a esta forma maravillosa de entrar en contacto con la negligencia y la falta de fe.

Ese uso primario de la casita o caravana sería al atardecer. Durante el día podría ser usada para otros fines, tales como venta de libros religiosos, rosarios, medallas, escapularios, etc. Este trabajo ofrecería una buena oportunidad a los legionarios adultos y juveniles activos.

3. La dirección de los grupos de Pioneros, que es una sociedad de abstinencia del alcohol, al cuidado de los Padres Jesuitas. Es recomendable bajo diversos puntos de vista. La bebida probablemente representa el aspecto más peligroso de la vida moderna. Todo parece que lleva a ello. Las mujeres y los jóvenes quedan apresados en la bebida. Y una vez que se forma el hábito, poco se puede hacer. Los Pioneros actúan especialmente previniendo y al mismo tiempo alejan el alcoholismo. Proporciona el motivo adecuado para la Abstención, que es el sacrificio y la reparación, y mantiene este motivo a la vista llevando un emblema del Sagrado Corazón.

4. La propagación del Escapulario Marrón, que es fuertemente recomendado en el Manual. Todos los centros de la Legión deberían desarrollar periódicamente una tarea de reclutamiento de la forma en que algunos lo están haciendo ahora. De nuevo podría aprovecharse la oportunidad para convencer a las personas con las que se ha tratado.

5. A pesar de su manifiesta eficacia, los praesidia continúan desinteresándose de los Patricios. Se podría preguntar si el tema se recomienda alguna vez en las reuniones de Curia. Si es así, ¿es una referencia apagada, que casi invita a la inacción, algo parecido a la mención que se hace de Maria Legionis?

El número de páginas que se dedican a este movimiento en el Manual muestra la seriedad con que la Legión lo ve. Se afirma que con un uso inteligente de los Patricios, que hoy podríamos llamar científico, todo un distrito podría ser no solamente instruido en la fe, sino también fortalecido.

6. La realización de cada uno de los trabajos de la Legión debería llevar consigo la finalidad de conseguir nuevos socios para la Legión. El hecho de que a una persona se le convenza a dar un paso adelante en su catolicismo da pie a pensar que se le puede inducir a dar unos cuantos más, del mismo modo que uno sube casi automáticamente una escalera.

7. La visita a los hospitales e instituciones debería ser contemplada desde el punto de vista de si proporciona un trabajo esencial para los comprometidos en ella. Como trabajo está ciertamente en la escala más baja de necesidades. ¿No sería una excelente manera de proporcionar trabajo apostólico a los socios de más edad y a los que no han llegado a adultos? Pero debe justificarse. No hay razón suficiente para algo que no alcanza un nivel más alto que el de pequeñas charlas inocuas, consolar y animar, que tanto ha arraigado en la Legión.

8. El trabajo de clubes habría que examinarlo para ver si compensa el esfuerzo de la Legión. ¿Está sirviendo a un objetivo determinado religioso? Si es puramente humanístico, habría que abandonarlo.

9. Los puestos de libros parecen que han sido abandonados. ¿Puede darse una razón válida para ello? Ciertamente un puesto de libros en la calle es un faro religioso, un toque de atención para los no religiosos, un recuerdo para el que pasa de que existe la religión, una llamada en nombre de la Iglesia Católica.

10. Los juveniles siguen entre nosotros no como un valor positivo, sino como un problema sin resolver. No conseguimos los debidos beneficios de ellos. Los estamos empleando en acciones de grado menor que les perjudican. En términos generales. deberían ser empleados para acercarse a los de su misma edad. Cito un caso de un praesidium de 12 socios de unos doce años de edad, que trabajaban entre niños no católicos en una escuela estatal, consiguiendo traer a cinco de ellos y a un adulto a la Iglesia en seis meses.

11. ¿No podrían ser los juveniles los que sustituyan a los mayores en el trato con las instituciones, obras de servicio, etc., bajo la supervisión de un adulto? Debería interrumpirse la venta de periódicos como tarea de juveniles.

12. ¿Se hace rendir debidamente a nuestros praesidia, legionarios, casa de la Legión? Cada una de estas cosas debería ser analizada y ver si se justifican. Semejantemente cada buen legionario debe ser contemplado desde el ángulo de su mejor rendimiento. ¿Se le puede confiar un nuevo trabajo?

Resumo. María, Reina de la Legión, tiene la misión de engendrar a la humanidad. Tenemos el privilegio de ayudarla y ella depende de esa cooperación. Es lamentable que en estas maravillosas circunstancias solamente tomemos en nuestras manos tareas de alcance menor, dejando a multitudes en una auténtica pobreza.

Gradación ascendente del trabajo de la Legión


Por FRANK DUFF




El problema de la naturaleza del trabajo de la Iglesia se presentó ya en sus comienzos. El mandato de Nuestro Señor en el Monte Olivete fue el de que sus discípulos marcharan por todo el mundo y tratasen de comunicar el Evangelio a todos los hombres. Esto era claro. Los discípulos no lo vieron de otra manera y actuaron de acuerdo con él. Pero vemos por los Hechos de los Apóstoles (6, 1-6) que esto creó un problema. Fue el del cuidado de las viudas y de aquellos que necesitaban de la caridad. Los misioneros del Evangelio no tenían tiempo para ese trabajo, aunque era importante. El tremendo juicio que emitieron los doce Apóstoles fue: "No es de desear que abandonemos la Palabra de Dios y sirvamos a las mesas". El remedio al que se recurrió fue la ordenación de diáconos que atendiesen a esto.

Desde el mismo origen de la Iglesia se tenía esa distinción entre los trabajos, tal como se le presentaban a ella. Primero: El trabajo esencial y característico de la Iglesia, la comunicación del Evangelio. Segundo: El cuidado y la recuperación de los hermanos más débiles. Tercero: El cuidado de las necesidades físicas.

Ahí tenemos la misma clasificación que el Concilium estableció hace no mucho, con la excepción de que la Legión no se dedica al tercer grupo de trabajo, la distribución de ayuda material, que ha sido asumida por otras sociedades y por organismos del estado. La Legión debe hallarse haciendo frente a sus problemas con un espíritu exactamente igual al de la primitiva Iglesia, es decir, que se debe atender debidamente al trabajo fundamental de la conversión, y después de eso a las otras tareas; siempre con tal de que sobren elementos humanos para ellas después de atender al trabajo principal. Si concedemos a las tareas menores una importancia igual, nunca habrá mano de obra suficiente para la conversión. Esta debe ser la mente de la Legión. Si los diversos lugares no quieren poner en marcha esta política, entonces no tienen la mente de la Legión.

¿Qué pensaríamos realmente si, en ese pasaje de los Hechos de los Apóstoles, leyésemos que la decisión que entonces tomaron había sido la de llamar a los Apóstoles de sus tareas apostólicas del extranjero y cancelar la evangelización del mundo, ya que las viudas necesitaban cuidado? La idea sería absurda, pero eso es de hecho lo que la mayor parte de la Iglesia está haciendo hoy, y la Legión ha sido apresada en esa tendencia en una gran medida. Precisamente hemos invertido el orden debido en nuestro apostolado. Primero estamos cuidando y consolando; en segundo lugar estamos atendiendo a los descuidados y alejados; y solamente en tercer lugar atendemos al trabajo de los trabajos: la conversión.

Hay que admitir que ha habido una diferencia entre la postura de la Legión y la de los primeros cristianos. El Señor advirtió a éstos con toda urgencia que tenían que ir a convertir. Eso establecía la pauta y la prioridad. Colocaba el supremo trabajo en primer lugar, como si no hubiese otro. Dejaba para el futuro el problema de las otras ocupaciones de la Iglesia que pudieran presentarse. Ese fue el principio sobre el que se inició la Iglesia.

Las cosas fueron distintas con relación a la Legión. Su curso fue determinado por las circunstancias. Comenzó en un ambiente católico y en condiciones de gran pobreza que monopolizaban la atención de todos los trabajos apostólicos. Como los protestantes eran relativamente pocos en número, apartados sicológicamente del pueblo, considerados como imposibles de convertir, no fueron inicialmente considerados como parte del problema de la Legión. Eso redujo el problema general a la conservación de la fe, que era un problema agudo debido a la amplitud de la campaña de proselitismo. Representa un avance inmenso y realmente asombroso el hecho de que la Legión recién nacida dejase de lado valientemente el programa de ayuda material, que absorbía a todos los demás, y se propusiese la edificación del pueblo en la fe. Consideró como algo que entraba dentro de esa categoría la visita de los que no estaban en peligro de perder la fe, pero necesitaban un apoyo y consuelo espiritual.

Este fue el primer molde que formó a los primeros legionarios. Dondequiera que se iniciaba la Legión, ése era el modo de actuar. Solamente cuando se va produciendo un desarrollo mayor, el trabajo en favor de la fe alcanzó una dimensión más profunda que la de conservar esta fe. Evidentemente la comunicación de la fe debería tener un primer lugar. Esa comprobación, por así decir, despojó a la Legión de sus vestiduras de niño y colocó su programa totalmente en línea con el mandato de Nuestro Señor. El primer molde incompleto quedaba así perfeccionado. Esto fue unos diez años después del comienzo de la Legión.

Pero la vieja idea tardó bastante en desaparecer. Los mismos trabajos emprendidos por los primeros legionarios continuaron siendo imitados como si ésa fuese la norma. Como estos trabajos ocupaban a los socios disponibles, los legionarios en la mayoría de los lugares no avanzaron a la etapa siguiente para levantar sus ojos y contemplar las mieses maduras para la conversión.

Esto ha producido una situación generalmente anómala. A pesar de las súplicas insistentes del Concilium, la mayor parte del trabajo de los legionarios va dirigido a la conservación de la fe y, aún menos que a eso, a los trabajos a los que antes nos hemos referido bajo un título algo minimizador de confortar y consolar. Y como es difícil permanecer firme en una cuesta resbaladiza, tenemos dificultad incluso para apartar a los legionarios del humanismo.

Prevalece el hecho desalentador de que, en muchos países donde la gran mayoría no es católica, la Legión está prestando poca atención a ese aspecto e incluso desatendiendo el trabajo que pudiera ser considerado como necesario para la fe. Se está limitando a llevar ayuda y consuelo a los que no tienen necesidad de esa ayuda o consuelo. La Legión de una gran ciudad es calificada como una organización para visitar las clínicas de la clase alta. En otra ciudad a un legionario que había llevado a un posible converso al sacerdote le dijo éste que el trabajo de la Legión era visitar a los enfermos y ancianos, no el de convertir. En esto la Legión esta siendo caricaturizada y mal utilizada.

Una persona muy importante, el difunto P. Simón Harrington, entonces Superior General de la Sociedad de Misioneros Africanos, vio esto claramente como consecuencia de sus movimientos misioneros. Nos declaró que la Legión representaba un don providencial para los misioneros capacitándolos para llegar a las muchedumbres, pero que estaba siendo mal empleada. Se estaba dedicando a tareas domésticas, y éstas estaban monopolizando a sus personas. Veía la inutilidad de decir simplemente a los legionarios que deberían dirigirse a los paganos. La respuesta sería que no sobraban socios para dedicarse a esa tarea suplementaria. Como si la comunicación de la fe a los que no la tienen no fuese más que algo adicional, un embellecimiento de la Iglesia.

Por eso la súplica que nos hacía era la de que se volviese a afirmar el programa de Nuestro Señor y que se insistiese en él. La conversión era el primer trabajo y todos los demás eran solamente secundarios. Mas él también afirmaba que esta proposición era escuchada, pero no puesta en práctica. Por eso su plan consistía en que ningún praesidium en campo de misión se debería comprometer en nada más que en la conversión. Las tareas domésticas deberían ser dejadas de lado, incluso los alejados que habían tenido su oportunidad y probablemente volverían a tener más. No de otra manera -afirmaba- se podrían poner las cosas en una debida perspectiva si no era por este procedimiento drástico. Si por casualidad llegase a haber socios de más después de hacer frente de la debida manera a ese aspecto principal, podrían desde luego ser utilizados para objetivos de menor envergadura. Pero hay que establecer el principio: El principal objetivo es la conversión.

El buen sentido de todo esto es evidente. Pero hay que admitir que hay dificultades prácticas. Una es la de que sería imposible realizar tal revolución. Además muchísimos rehusarían entrar en la Legión, si su única tarea fuese la de convertir. Los católicos normales se intimidan ante ese trabajo, considerándose totalmente incapacitados para él.

Hay que recordar también que la Legión se ha propuesto el amplio objetivo de organizar a todo el pueblo católico para el apostolado y que por tanto todas las necesidades espirituales deben ser atendidas. Después de algún tiempo en las filas de la Legión, la confianza y la disciplina habrá penetrado en ellos y los socios podrán ser empujados a trabajos más altos. Por eso no entra dentro del programa de la Legión el que la conversión deba eliminar todos los demás trabajos. La Legión debe continuar atendiendo a toda necesidad que tenga relación con las almas, con tal de que no sea en detrimento del trabajo primario de la Iglesia. El trabajo de conversión debe emprenderse como el de primer orden. Si no es ésta su valoración oficial, es probable que se convierta de hecho en la última tarea, dada su supuesta dificultad.

La conversión es el trabajo clave desde otro punto de vista. Es vital en el sentido de que, si se desprecia, se producen ciertas reacciones sicológicas. Estas desvían el espíritu católico y producen un efecto desastroso en todos los aspectos de la vida. Quedando debilitado el móvil católico, no se resiste al mundo, a la carne y al demonio; y cada una de las almas se convierte en un problema, no en un capital. Esto se sigue como consecuencia inexorable cuando uno ve que a los que están fuera de la Iglesia no se les busca con el propósito de hacerlos entrar en ella. Pues entonces la conclusión inevitable es que deben estar bastante seguros donde se encuentran. Esa sugerencia, aunque no resiste un análisis minucioso, ha desfondado realmente a la Iglesia. Equivaldría a decir que Dios ha establecido otros canales de salvación además de la Iglesia Católica. ¿Por qué, pues, esforzarnos desesperadamente por las almas que están en otros carriles que pueden irles mejor?

¡Irles mejor! Tal sugerencia es monstruosa. Supondría que la Iglesia no es algo esencial y posiblemente no se adapta a esas otras almas. A eso equivaldría una proposición así, y sería un atropello a nuestros criterios. Pero eso es lo que se propone hoy en esferas católicas más altas. Por ejemplo, ¿qué habrá que pensar de la afirmación siguiente, que procede de una de las más importantes diócesis del mundo? Dice: "Para algunos el mensaje de Dios se transmite de manera más clara por medio de la comunidad conocida como Iglesia Católica: para otros, por alguna comunidad protestante: para otros, por fin, por alguna comunidad de culto no cristiana."

Esa afirmación coloca a la Iglesia como si no fuese más que uno de los medios por los que Dios imparte su Verdad. Llega a decirse que para comunidades completas el mensaje de Dios se comunica por su propia confesión no católica e incluso no cristiana más claramente que por medio de la Iglesia Católica.

Se concede esta credencial a aquellas otras iglesias, a pesar de que algunas de ellas permiten a sus miembros mantener principios que son totalmente ajenos a la moralidad y fe católicas. Esa sugerencia de igualdad es una negación total de la Iglesia. Si se acepta, haría irracional cualquier sacrificio o gran esfuerzo hacia la conversión, pues ello equivaldría a llevar a una persona a un grupo equivocado en el que recibiría el mensaje menos claramente.

Una protesta contra esta afirmación enviada a esa alta esfera en cuestión obtuvo la respuesta de que la afirmación representaba una interpretación correcta del Decreto sobre Ecumenismo.

Ahora mirad a los Apóstoles o a cualquiera de sus sucesores entre los santos, que gustosamente se esforzaron durante toda su vida y dieron sus vidas para convertir a una sola alma, y juzgad cómo se halla en total desacuerdo con ellos esa horrible declaración.

Recordad, no obstante, que en la mayor parte del mundo está en auge una mentalidad semejante a esta de la Declaración y ha parado el trabajo de conversión tan eficazmente como se cortaría la corriente eléctrica al girar un interruptor.

Repito: ¿Qué efecto está teniendo esa actitud en el individuo católico? Vuelvo a decirlo: Está arruinando su fe, privándola de toda influencia en toda su vida, convirtiéndolo en presa de cualquier viento que sopla. Por eso es tan importante dar al trabajo de conversión su verdadero lugar, lo cual significa dar a la Iglesia su debido lugar. Y esto a su vez significaría que la Iglesia podrá ejercer toda su fuerza en nuestras vidas. Por esta razón de más la conversión es el trabajo de los trabajos. Por eso pongo ante vosotros este gran principio: Moveos una pulgada en nuestra fe hacia esas otras iglesias y os habréis apartado peligrosamente de la Iglesia.

La dura realidad es que nuestro propio espíritu católico está en juego. Hay que tonificarlo. Debemos ver a la Iglesia como la ciudad colocada sobre el monte, la cual no puede ocultarse (San Mateo 5, 14), es decir como la auténtica y la única revelación verdadera de Dios. Eso solo da a la Iglesia su valor, y entonces solamente la Legión, de igual manera, se convierte en algo que vale la pena. Muchos de la Legión ven las cosas así y son impulsados a vivir sus vidas conforme a ello y hacen grandes sacrificios. Ese espíritu hay que llevarlo a todos. El solo hace la vida comprensible y soportable.

Después, y a la luz de esto, tenemos que abordar cada uno de nuestros trabajos con objeto de determinar su debida importancia. Si hay trabajos importantes que no se están haciendo, evidentemente debemos emprenderlos. Si los trabajos no son suficientemente vitales o no son esenciales, debemos dejarlos; sería intolerable asignar para tales cosas legionarios que estuviesen capacitados para cosas mejores. Si las tareas las pueden hacer legionarios de tercer grado, sería una pérdida emplear en ellas legionarios de primer grado. Habría que hacer un esfuerzo para que los legionarios acometan empresas mayores de las que son capaces. ¿No debería considerarse a todos los buenos legionarios desde este punto de vista para conseguir más de ellos, no necesariamente tiempo, sino calidad de trabajo o capacidad de organización? Muchos legionarios que hacen un trabajo corriente son puntales en nuevos trabajos vitales.

El Manual insiste en que una finalidad de la Legión es urgir a sus miembros. Yo no diría que esto se está intentando en general. Ante nosotros hay socios que están haciendo las mismas sencillas tareas que se les confió cuando ingresaron en la Legión hace veinte años o más. Eso representa una actuación muy fiel y entregada, pero ¿no contiene un elemento de prolongada niñez? Pues evidentemente tal legionario ha conseguido la capacidad de hacer algo mejor y debería ser utilizado en ese sentido.

Por otra parte, vemos además a socios que solamente cumplen los requisitos y a veces ni eso siquiera. Son irregulares en asistir a sus reuniones, y su trabajo es insuficiente. Con todo, se tolera esto, probablemente pretextando que el praesidium no podría sufrir su pérdida o que medio pan es mejor que nada. No se tiene en cuenta que tales socios están arrastrando a otros a su manera pobre de comportamiento y están representando en la vida real la historia de la manzana podrida que al fin corrompió todas las buenas de la cesta.

Un praesidium puede estar tan inmerso en su tarea normal semanal que olvide que su camino debería ser siempre hacia adelante y hacia arriba. Muchos no buscan mejorar en forma alguna. Las curias existen con el objeto de cuidar de que los praesidia se realicen a sí mismos. No creo que en conjunto lo estén haciendo así. Las visitas de sus praesidia es de inspección solamente. Si un praesidium está realizando un buen trabajo rutinario, se considerará aceptable. Temo que no se da lo que podría llamarse un nivel más alto de pensamiento por parte de la Curia en nombre de los praesidia. No creo que haya una fuente de inspiración que fluya de las curias. Tampoco del praesidium a la curia, como debiera ser. En teoría, todos los praesidia deben estar dando ideas a la curia, que ésta a su vez trataría de comunicar a todos sus praesidia. En muchos casos lo más que se pretende es una mera eficacia. En consecuencia, la curia no se está animando así misma, ni a sus praesidia, y esto, en teoría, indicaría que tiende a languidecer. Si esto sucede, su papel -en la Legión se habrá invertido de forma que, si algunos de sus praesidia florecen será a pesar de la curia. A veces los postes indicadores de dirección de la Legión están torcidos, de forma que nadie sabe el camino debido.

Demasiado patente queda en las Reuniones de Curia el deseo de divertir más bien que el de presentar a la Legión. El baile amenaza absorber todo lo demás; y tiene que haber una comida cara. Esto último contradice una de las finalidades especiales de la Legión, a saber, la de que todos los estratos de población, incluyendo a los más bajos, sean llamados a ingresar en la Legión.

¿Podría ser que la presencia de estos defectos indique un envejecimiento de la Legión, una disminución de capacidad y ambición? No creo que sea éste el caso. Lo contrario prueban otras cosas que están sucediendo ante nuestra vista. Se ensayan nuevos trabajos y tareas de conversión cuando se señala su oportunidad. Se están realizando proezas llenas de dinamismo en favor de las almas. Muchos legionarios están dispuestos a enfrentarse con cualquier cosa, pero se comete el error de no ser capaces de ver la abundancia, la universalidad de este espíritu noble. Al no ser percibido, no se le presta atención.

El objetivo de la Legión es la movilización de todo el pueblo para el apostolado. Esta idea debe ser aplicada con una atención total a su significado, que no es la de una mera reunión de material, sino el hallazgo del mejor empleo de cada individuo. Además debe ser un proceso continuado debido a la creciente capacidad de los socios. Las tareas menos exigentes deberían ser asignadas a los menos jóvenes o a los menos fuertes, o a los juveniles.

Otra vez hay que insistir en que la movilización legionaria debe alcanzar hasta las secciones de los débiles y que se debe hallar una tarea apropiada para cada uno. Tened en cuenta que el Concilio Vaticano declaró que todos los católicos deben ser apóstoles y no eximió a los débiles o a los muy ocupados. Por lo tanto, la Legión debe encontrar puestos de trabajo para ellos. Las tareas más fáciles deben ser reservadas a ellos y no a los legionarios que están capacitados para empresas mayores.

He estado recalcando la necesidad de tener en cuenta el avance de cada legionario. Pero ¿puede darse por supuesto tal avance? La primera respuesta a esto es que la práctica debe proporcionar un progreso. Normalmente los hombres de negocios ganan destreza según pasa el tiempo. Pero en los socios de la Legión se ventila más que la destreza humana. El socio está todo el tiempo penetrando más íntimamente en las doctrinas vitalizadoras de la Iglesia: la Eucaristía y la Misa, el Cuerpo Místico, María y el Espíritu Santo; y está acoplando ese conocimiento con el trabajo práctico de la Legión. Esto tiene que representar un crecimiento en todas las direcciones. Seria una grave pérdida para el mundo de las almas que todo ese creciente poder no se usase plenamente. No obstante, vemos a legionarios empleados en trabajos minúsculos. El resultado es que la Legión funciona en una fracción de su potencialidad. Su gran fuerza está siendo mal aplicada. A esta locura el Manual aplica el verso de Byron referente a la estaca de Hércules que se empuña para aplastar una mariposa o matar un mosquito. 

Acabo de leer el informe de un Praesidium cuyo único trabajo es entretener a los internos de una residencia de ancianos dirigida por monjas. En esa misma ciudad hay cientos de miles de no católicos a quienes nunca se han dirigido los católicos.


San Luis María de Montfort

Patronos de la Legión de María


San Luis María de Montfort
Entre los principales patronos de la Legión de María. Fundó el primer presidium hace 92 años, para ser exactos, atraído por la maternidad de la Virgen María. Se encargó de fomentar las bases del apostolado en un servicio desinteresado por la humanidad, en especial, la sufrida y maltratada.
Inspirado por el Espíritu de Dios, creó jaculatorias importantes dedicadas a la doncella de Nazaret. Fue una bendición acordar aquella primera reunión donde apenas participaron unos ocho o nueve miembros.  Casi un siglo después son miles de millones los integrantes.
"No sólo fundador, sino también misionero. Y más que misionero, porque aún hay otro aspecto: es doctor y teólogo, que nos ha dado una mariología como nadie antes de él la había concebido.
Tan profundamente ha explorado las raíces de la devoción mariana, tan ampliamente ha ensanchado sus horizontes, que ha venido a ser indudablemente el gran previsor de todas las manifestaciones modernas de María: desde Lourdes hasta Fátima, desde la definición de la Inmaculada Concepción hasta la Legión de María.
Se constituyó él mismo en mensajero de la venida del reino de Dios por medio de María, y en pregonero de aquella tan deseada salvación que en la plenitud de los tiempos traerá al mundo la Virgen Madre de Dios por su Inmaculado Corazón", dijo el cardenal Federico Tedeschini, antiguo arcipreste de San Pedro, en el discurso a propósito del descubrimiento de la estatua de San Luis María de Montfort en la basílica de San Pedro, el 8 de diciembre de 1948.

Fuente: Diario el Impulso
martes, 24 de septiembre de 2013