viernes, 14 de agosto de 2020

Edel Quinn y el Regalo del Sufrimiento

ALLOCUTIO POR EL REV. FR. BEDE McGREGOR O.P.
DIRECTOR ESPIRITUAL DEL CONCILIUM (Febrero 2007)

Todos tenemos nuestros santos favoritos. Nos atraen más unos que otros. ¿Por qué muchos de nosotros somos atraídos profundamente hacia la Venerable Edel Quinn? Puedo casi oír su risa pícara con la sola idea de ser llamada Venerable, cuando ella era aun joven y llena de alegría y entusiasmo. Pienso que llevamos de ella su espíritu festivo, su ador, su natural encanto, su regalo de la amistad. Además de ser una compañera tan encantadora, sabíamos que podíamos compartir nuestras preocupaciones más profundas y ser entendidos y animados por ella. Ella tenía una sonrisa profunda siempre de acogida. Ella está tan cerca de Dios y de su Madre. Ella ama tanto a la gente que hará todo por nosotros.

Pero lo más notable del espíritu de Edel era la alegría que la acompañaba aun en medio de tan increíble sufrimiento. El apostolado de la Legión se basa en el contacto personal llevando el espíritu de Maria y esto significa que resolveremos el sufrimiento porque no hay historia humana que no tenga su contingente de heridas y de dolor. No hay excepciones en el sufrimiento y los legionarios tendrán en la vida un curso para aprender cómo estar presentes donde la gente está dolida pero con el espíritu de Maria. Podemos ser de mucha ayuda con el ejemplo y la amistad de Edel haciendo frente a los sufrimientos de los otros. Pero quizás el mayor desafío se presenta cuando nos ocupamos del sufrimiento en sus numerosas formas en nuestra propia vida. Puede ser relativamente fácil dormir con el dolor de la otra persona. Nos dice Edel que el significado del sufrimiento en nuestras vidas, tiene un valor inmenso. Ella sabía lo que decía cuando hablaba del sufrimiento. Podemos todos hablar con facilidad sobre el papel del sufrimiento en la vida cristiana pero es una cuestión totalmente distinta cuando se pone en práctica.

Edel nació a la vida eterna el 12 de mayo de 1944, en la Celebración de la Santa Cruz. La cruz fue el eje sobre el cual giraba su vida. Ella murió un viernes, un día dado normalmente a la reflexión en la pasión de Cristo, el 14 de septiembre, 1907 en el mes de María, nació a este mundo. Ella pasó su vida de adulta dentro y fuera de los hospitales, en un total estado de agotamiento y desgaste. Todavía escuchamos lo que ella decía sobre el sufrimiento y la enfermedad. Ella escribía en su diario, “Nosotros podemos lograr que esas cosas que funcionan opuestamente a nuestros propios planes y deseos sean gracias todas y cada una. La voluntad de Dios las permite y representan su persistente búsqueda de nosotros. Debemos abrazarlas, hacerlas parte de nosotros, y pagar el pequeño precio que exigen. Hacer siempre su voluntad y eliminar siempre la nuestra. Los pequeños sacrificios son todo lo que podemos llevar; seamos fieles y alegres en aceptarlos con la ayuda de Nuestra Madre. Tenemos solamente esta vida y quizás bien corta, para probar nuestro amor. Si hacemos el esfuerzo, Jesús y María nos ayudarán a llevarlas. Si uno sabe la verdad de estas cosas, uno debe ser agradecido y regocijarse en cada debilidad y cansancio físico. Ésta es una leve parte de los sufrimientos y gracias de Cristo.” Ella resume su acercamiento total al sufrimiento diciendo “sufrir por Nuestro Señor es mi alegría más grande”.

Notarás que el lenguaje de Edel en sus notas privadas es exactamente igual al Manual. Ella en su vida era una verdadera encarnación del Manual en el sufrimiento. El Manual se refiere al privilegio inestimable del sufrimiento, el regalo de sufrir, el apostolado del sufrimiento y expresa que cada sufrimiento es una gracia. El Manual valora lo que Santa Teresa de Ávila, dice que “ningún mayor favor puede su Majestad concedernos que darnos una vida, orientada por el ejemplo de su querido Hijo.” También valora las palabras de San Pedro de Alcántara que decía a los pacientes cuando los visitaba en el hospital: El “paciente feliz, demuestra cómo es de grande la gloria de Dios que ha ganado por la aceptación de su enfermedad. Ha merecido más que lo que otros pueden ganar por rezos, ayunos, vigilias, azotes y otros trabajos penitenciales.

El Siervo de Dios, Arzobispo Fulton Sheen dijo -quien era un gran seguidor de la Legión de María- y habló en nuestra reunión del Concilium en menos de una ocasión comentaba a menudo que había tanto sufrimiento perdido en el mundo. Sería una gran tragedia si eso fuera el caso de la Legión. Hay algo especial en la intercesión de los que sufren. Por lo tanto debemos intentar conseguir que a aquellos que visitamos en hospitales, clínicas de reposo, enfermos y ancianos en sus hogares, sean nuestros auxiliares en el apostolado activo de la Legión. Y esto sería un recurso precioso de la Legión, si todos nuestros auxiliares en el mundo nos ayudaran a ver el inmenso valor del sufrimiento para la salvación de las almas y la unión de nosotros con Cristo.

Permítanme concluir con algunas palabras del diario privado de Edel. Ella escribe “Cuando nosotros unimos nuestro sufrimientos con los suyos y los ofrecemos al cielo para su gloria, esos sufrimientos se vuelven dulces y nos llevan muy cerca de Él y son fuente de verdadera felicidad. Esmerémonos en imitar a Nuestro Señor en la aceptación alegre del sufrimiento. Las dificultades de la salud, los trastornos diarios son los más preciados regalos”. Roguemos a Edel con frecuencia para que nos ayude a llevar la cruz por la salvación de nuestras almas.



viernes, 7 de agosto de 2020

Los 5 favores de la Virgen de la Medalla Milagrosa

La Medalla Milagrosa es uno de los sacramentales de la Iglesia. Es una representación física de una realidad espiritual. Desde su introducción, la Medalla Milagrosa ha sido reconocida por ser una poderosa fuente de atracción de las gracias de Dios sobre la humanidad, incluso en forma de milagros.

La Virgen de la Medalla Milagrosa, el 27 de noviembre de 1830 se le apareció a Santa Catalina Lobouré para pedirle que acuñara una medalla con ciertas características, y quien la portara recibiría grandes gracias.

Abre tu corazón y recibe estos favores de la Virgen de la Medalla Milagrosa:

1. Esta medalla no es un amuleto de la buena suerte, ni hace magia, simplemente se usa con fe y confianza para que con el poder de la oración, se cumplan los anhelos de tu corazón.

2. Si estás pasando por una situación difícil en tu vida y necesitas de paciencia, perdón, arrepentimiento y fe, puedes obtenerlo con la devoción a la medalla, pues estos son los milagros más grandes que concede.

3. La Virgen te ofrece protección si clamas para obtener sus gracias y bendiciones.

4. La medalla la debes portar en el cuello y no sólo realiza beneficios materiales, sino cambios de comportamientos o la sanación de vicios.

5. Al portar esta medalla debes recitar varias veces al día la jaculatoria: ¡Oh María sin pecado concebida, rogad por nosotros que recurrimos a Vos!

Esta frase reforzará tu fe además de que es una oración breve que no interferirá en tus ocupaciones diarias.



Los símbolos de la Medalla Milagrosa

En la parte frontal de la medalla, María aparece sobre un globo que representa el mundo.

La serpiente es Satanás.

Los rayos en sus manos transmiten sus gracias y bendiciones sobre la Tierra.

En el reverso de la medalla hay 12 estrellas que representan los 12 apóstoles que simbolizan a la iglesia.

La cruz es Cristo y la letra “M” es la inicial del nombre de María que se entrelazan como signo de unión.

Aparecen dos corazones, uno es el de Jesús y el otro el de la Virgen María.



El Cuadro de la Legión de María


1. Este Manual lleva en la portada una reproducción en miniatura del cuadro de la Legión. Fue pintado, como obsequio a la misma, por un brillante joven artista de Dublín. Y -como podía esperarse de un trabajo animado por tal espíritu- resultó una obra bellísima y muy inspirada, según se puede apreciar por dicha reproducción.

2. El cuadro es algo muy completo: hace resaltar maravillosamente las características de la devoción legionaria.

3. Los contornos del dibujo son un esbozo del Vexillum.

En el cuadro se traslucen las oraciones legionarias. Las preparatorias -que comprenden la invocación y oración al Espíritu Santo y el rosario- están simbolizadas por la Paloma que cubre a María con su sombra, inundándola de luz y del fuego de sus amor. Con estas oraciones honra la Legión el momento culminante de todos los tiempos, en el cual María, dando su consentimiento a la Encarnación, mereció ser Madre de Dios y, juntamente, Madre de la divina gracia; y, por eso, los legionarios, sus hijos, se unen, estrechamente a Ella mediante el rosario, llevando impresas en el corazón las palabras de Pío IX: “si tuviera un ejército que rezase el rosario, conquistaría el mundo”.

También se hace alusión a Pentecostés: allí fue María el canal de las gracias derramadas por el divino Espíritu, en aquel momento que se puede llamar la confirmación de la Iglesia; allí se encendió por Ella el fuego apostólico destinado a renovar la faz de la tierra. “Fue su poderosísima intercesión la que obtuvo para la Iglesia naciente aquella prodigiosa difusión del Espíritu del divino Redentor” (MC 110). Sin Ella ese fuego no se hubiera encendido en los corazones de los hombres.

4. La Catena, en su sentido material, constituye el borde del cuadro. La Antífona está representada con mucho acierto, por la figura de María, “que va subiendo cual aurora naciente, bella como la luna, brillante como el sol, terrible como un ejército formado en batalla”; y, en su frente, una estrella para significar que Ella es el verdadero lucero de la Mañana, bañado desde el primer instante de su ser en los fulgores de la gracia redentora, y anunciando la alborada de nuestra salvación.

El Magnificat está representado por el primer versículo -la idea que predominó siempre en la mente de María-, escrito en caracteres de fuego, aureolando la cabeza de la Virgen. El Magnificat es, el canto triunfal de su humildad. Ahora, lo mismo que entonces, quiere Dios depender para sus triunfos de la humilde Virgen de Nazaret, y quiere valerse de los que están unidos a Ella para hacer grandes cosas en honra de su santo Nombre.

El versículo y responsorio -de la fiesta de la Inmaculada Concepción, la principal devoción legionaria- están gráficamente expresados por la actitud de María aplastando la cabeza de la serpiente infernal, y por estas palabras engarzadas en la cadena del borde: “pondré enemistades entre ti y la mujer, entre tu linaje y el suyo; Él quebrantará tu cabeza”*(Gn 3,15). El cuadro demuestra esta lucha perpetua entre María y la Serpiente, entre los hijos de Aquella y la raza maldita de ésta, entre la Legión y las fuerzas del mal, que huyen a la desbandada, derrotadas.

La oración de la catena no es otra que la del Oficio de María, Medianera de todas las gracias, Madre de Dios y Madre de todos los hombres. En lo alto del mismo queda representado en forma de Paloma, el Espíritu Santo, dispensador de todo bien; debajo, el globo terráqueo, rodeado por buenos y malos, simboliza el mundo de las almas; entre unos y otros, María, llena de gracia, toda encendida en caridad, la Medianera y dispensadora universal de todos los dones divinos. Ella quiere enriquecer a todos los hombres, pero en particular a aquellos que con más verdad se muestren hijos suyos, reclinándose sobre el Coraz6n de Jesús, a ejemplo de San Juan, y recibiéndola a Ella por Madre. Y esta maternidad universal de María, proclamada entre las inconcebibles angustias del Calvario, está expresada por las palabras eslabonadas en el extremo inferior del borde: “Mujer, ahí tienes a tu hijo. Ahí tienes a tu madre2” (Jn 19,26-27).

5. Las oraciones finales se reflejan en todo el cuadro. La Legión es esa hueste innumerable que avanza en orden de batalla, acaudillada por su Reina, y que lleva sus insignias: “el crucifijo en la mano derecha; en la izquierda, el rosario; los sagrados nombres de Jesús y María en el corazón, la modestia y mortificación en su porte” (San Luis María de Montfort). De sus labios brota ferviente súplica en demanda de una fe que sobrenaturalice cada impulso y acción: de su vida, y les de valor para atreverse a todo en el servicio de Cristo Rey; fe simbolizada por la Columna de Fuego- que funda en uno solo los corazones de todos los legionarios, y les guíe a la victoria y a la tierra de Promisión eterna, irradiando en su avance las llamas del divino amor. La Columna es María que con su fe salvó al mundo: “Bendita tú que has creído” ‡ (Lc 1,45) - en el borde -. Y ahora, por entre espesas tinieblas, María conduce con paso seguro a aquellos que la bendicen, hasta que sobre ellos descienda a raudales la gloria del Señor.

6. Las preces terminan elevándonos en espíritu hasta el acto de pasar lista en la eternidad, donde, sin faltar ni uno solo, -rogamos que se vuelvan a juntar todos los legionarios legales para recibir el galardón de una gloria sin fin.

Entretanto asciende una plegaria por los que han muerto en el combate y esperan la resurrección gloriosa, pero que pueden estar necesitados de la intercesión de sus compañeros.

“En el Antiguo Testamento leemos que, desde Egipto, el Señor caminaba delante de ellos, de día en una columna de nubes, para guiarlos; de noche, en una columna de fuego, para alumbrarles (Ex 13,21). Esta columna maravillosa, unas veces en forma de nube, otras en forma de fuego, fue figura de María en los varios oficios que desempeña para con nosotros” (San Alfonso de Ligorio).

 “Inimicítias ponam inter te et mulíerem, et semen tuum et semen illíus; ipsum cónteret cáput túum” (Gn 3, 15).

“Mulier, ecce filius tuus: Eccc marer tua. ” (Jn 19, 26-27)

“Beata quae credidit. ” (Lc 1,45)




Tomado del Manual de la Legión de María
Capítulo 25 El Cuadro de la Legión